lunes, 6 de marzo de 2017

Entre el silencio el olvido

Caminar por el Pirineo de Huesca siempre trae momentos mágicos porque vayas en la estación que vayas encuentras un paisaje increíble. Nuestra ruta comenzó siendo un paseo sin una idea clara de lo que íbamos a encontrar, sin embargo quizá estos son los mejores.

Muy cerca del municipio de Sabiñanigo (Huesca) podemos descubrir nuevos caminos para hacer pequeñas excursiones llenas de encanto. Esta vez, acompañados por un día impredecible, en el que tan pronto llovía como granizaba, como salía tímidamente el sol... comenzamos nuestra pequeña excursión.

Pinos, una paisaje tranquilo, con pequeños pueblos desperdigados pero con encanto... y de pronto, allí, entre las ramas de los árboles que habían quedado desnudos de hojas, quieta y sigilosa estaba una pequeña ardilla mirándonos de frente.


Tan pequeña y vivaracha al mismo tiempo. Con su hermosa cola marrón que la delataba entre los tonos rojizos del paisaje.


Y a pesar de la distancia a la que estaba y de no tener las mejores condiciones, decidí intentar captar el momento.


Toda una aventura que hizo disfrutar a mis dos princesas como dos aventureras sin perder de vista a la rápida ardilla.


¡Mami, mami que va por esa rama! ¿has podido hacer una foto?


Momentos mágicos que te ofrece la naturaleza, para los que no estás preparado y que has de aprovechar. Aprendes a disfrutar el momento, a disfrutar de la belleza tan natural y convertirte en pequeña "cazadora de imágenes".


Nuestro camino continuó a ver qué más podíamos encontrarnos. En mitad de la nada, entre pinos y caminos solitarios, nos topamos con un pueblo muy sorprendente: Ibort.


Es un pequeño pueblo de la provincia de Huesca (que pertenece al municipio de Sabiñanigo) en medio de pinos, caminos... se trata de un pueblo abandonado en los años 60, cuando la oferta de empleo en ciudades hizo que la gente de zonas rurales (especialmente las más aisladas) se fuesen dejando los pueblos sin habitantes o con muy pocos. 


Sin embargo, hace ya unos años que hay nuevos habitantes en Ibort. Gente con la idea común del autoabastecimiento y la autosuficiencia, con la idea de una vida en comunidad lejos de las ciudades.


Es una nueva vida, muy diferente pero que quizá enriquece a la gente que opta por esta opción ya cansados de la ciudad o de la forma de vida que llevaban. Aquí ellos cultivan, arreglan las casas...


Al ver los nombres de los habitantes en los buzones, nos dimos cuenta que allí vivían vecinos de países diferentes y que su forma de vida es muy diferente a lo que nosotros estamos acostumbrados a ver incluso en pueblos. 


El día era lluvioso y muy cubierto, pero lo que más me llamó la atención de este pueblo fue su silencio. Un silencio que permitía oír tus propios pensamientos.


Parecía que el tiempo se hubiese parado por un momento.
 

La iglesia nos llamó la atención, realmente muy hermosa. Al ver las puertas abiertas decidimos entrar.

Realmente "diferente" a lo que me hubiese esperado.


Por fuera es una iglesia, pero por dentro es algo un tanto "surrealista", es un espacio social, común, que se ha recuperado para el uso de los vecinos del pueblo.


Allí hay una moto aparcada, una mesa de tenis e mesa, un rocódromo en sus paredes...


La sacristía se usa como salita para ver la televisión.


La sensación al entrar es francamente "extraña", no sé cómo explicarlo. Supongo que han querido dar un uso con fin social, un punto de encuentro a un edificio que tenían para todos los habitantes.


En los techos se ven vestigios de la pintura original de la iglesia.



Ibort, un pequeño pueblo diferente escondido entre los pinos y las montañas, que permite a sus habitantes aislarse de la velocidad de la sociedad actual, de la tecnología, del ruido... 



 Un pueblo que te invita a encontrarte contigo mismo.


Y así nos despedimos de nuestra pequeña excursión atravesando las vías del tren casi dormidas que nos descubren un maravilloso paisaje sin prisas, sin ruidos, lleno de matices de diferentes colores.


 Detente, respira y contempla el maravilloso camino que hay frente a ti, entre el silencio y el olvido.





viernes, 27 de enero de 2017

Mar enfurecido en Cubelles

Siempre en calma, siempre tranquilo... así es el Mediterráneo bañando las playas de Cubelles (Barcelona). Sin embargo, este fin de semana se ha despertado y nos ha ofrecido un paisaje diferente, algo que no es habitual. 




¡Un paisaje inédito! ¡Miles de algas inundando el paseo! Realmente un paisaje muy diferente a lo que estamos acostumbrados, por lo que ha atraído a grandes y pequeños a ver cómo estaba el paseo y a hacer fotos.



El mar bravo, rompiendo con fuerza contra los espigones.





Las playas se han visto reducidas a la mínima expresión pero seguro que todo volverá a la normalidad en poco tiempo, son fenómenos de la naturaleza ante los que es difícil actuar con antelación.

El mar, con sus olas, su fuerza, su energía es cautivador y también hace que podamos disfrutar de un gran paisaje poco habitual por aquí.





El espigón que a tanto pescadores ha acomodado mientras esperaban pacientemente ahora nos guía hacia las olas bravas.



Los conos, como son conocidos por la zona frenan las olas que quieren llegar hasta la orilla de la playa.


Fantásticos paisajes, pequeñas "isletas" que surgen temporalmente producto del temporal.


Es difícil avanzar, no arriesgaremos, pero nos acercaremos un poquito a disfrutar de este bello conjunto de mar y piedras. 







El mar, su calma, su belleza, su olor... ¡¡fascinante!!




Y todo poco a poco vuelve a su ser.







viernes, 4 de noviembre de 2016

Bubal, algo más que un embalse

Disfrutando del otoño y su temperatura tan agradable para pasear y disfrutar de la variedad de colores con los que se pintan los paisajes, nos hemos ido a Búbal, un embalse en el Valle de Tena (Huesca) cuya belleza a las puertas de los Pirineos lo convierte en una parada para todo el que pasa por allí.

Vista del Embalse de Búbal desde el mirador de Piedrafita de Jaca
Esta es una época muy seca para el embalse sin embargo gracias a la paleta de colores que nos regala el otoño adquiere una belleza increíble. Tantos tonos de ocres, naranjas, rojizos, verdes... pintando cada árbol... la luz, el color... y allí estamos para intentar captar todo lo que vemos.

¡¡ Fotógrafa pillada !! Y es que yo hago fotos pero también me hacen (jiji, una más en el precioso paisaje)




En esta ocasión que el embalse esté tan bajo nos da la oportunidad de ver lo que se oculta bajo sus aguas y que durante el año no podemos ver. Se trata de las ruinas de unos puentes, de unos edificios... las delicias para los más peques ya que todo lo que sea descubrir cosas y caminar por sitios que parece que son ellos sus descubridores es algo que siempre apasiona ¡incluso a los mayores!

 Lo primero que nos encontramos son unas ruinas de unos puentes.


En alguna ocasión ya habíamos querido acercarnos a las ruinas que las aguas nos dejaban ver, pero siempre habíamos encontrado el suelo muy fangoso y por lo tanto imposible de transitar. Sin embargo en esta ocasión el calor de estos meses y la escasez de lluvias nos han dejado acercarnos.






Y es que nos encontramos tantos detalles que durante el año quedan ocultos...






Y cuando menos lo esperas y consigues despegar tu mirada de todo lo que tienes delante, alzas la vista al cielo y allí está sobrevolando con esa elegancia que hace que no dejes de seguir su vuelo. Aunque no venga equipada con un buen teleobjetivo, no puedo dejar de fotografiarla.


Nos vamos acercando a las ruinas.




Seguro que tras esos muros, esas piedras medio derruidas hay tantas historias...


Sin duda un lugar privilegiado, custodiado por los Pirineos ¿qué más se puede pedir?


Una puerta al pasado


O una puerta al presente


Del pasado al presente y con vistas al futuro, las puertas están para abrirlas y seguir adelante.


Quizá los troncos puestos en medio del camino nos recuerden las trabas que a veces nos encontramos en nuestro camino y es que en el mismo paisaje podemos encontrar tantas metáforas de nuestra propia vida... y por qué no pensar que son las trabas de quien vivía allí y un día tuvo que marchar.



Un lugar idílico, protegidos por las montañas, guiados por el sol, siempre vigilados por las águilas que nos deleitan con su elegancia... y unos colores que deslumbran nuestra mirada y nos despiertan sentimientos llenos de belleza.


Ventanas por donde asomarse a ver los colores del otoño.




Un precioso paseo que no siempre podemos hacer pero que cuando tenemos la oportunidad vale la pena improvisar y aprovechar el momento.


Una belleza tranquila, serena, radiante.


 Un reflejo de la majestuosidad de la naturaleza.
 

   Una mirada al pasado oculto bajo el agua.


Una mirada al presente también oculto a nuestros ojos bajo las aguas del embalse.

  
 Y hasta aquí nuestro pequeño recorrido por el fondo del Embalse de Búbal. La próxima vez que le veamos seguro que ya estará lleno de agua ocultando nuestra excursión.